Un accidente con propósito
Era el 25 de noviembre de 2006, cuando el cerebro de Ana Lucía se despertaba de un largo sueño, no recordaba nada, ni porqué los médicos y enfermeras hacían un escándalo en el cuarto de hospital.
Afligidos gritaban con insistencia que llamaran a su familia, porque, ¿quién le diría que en su vientre ya no llevaba el bebé que con tanto anhelo esperaban ella y su esposo Carlos?
La mujer, rubia y de apenas 24 años, solo recordaba aquel embarazo que había sostenido por ocho meses, y luego un estruendo y una luz blanca. Miraba su abdomen y nadie le daba razón de su bebé, peor aún, los médicos no le daban la noticia de que el niño a quien llamaría Carlitos, no había sobrevivido a al accidente de tránsito y que ella, estaba condenada a no tener hijos de por vida.
Carlos, con lágrimas en los ojos, la abrazó y poco a poco le contó lo que había sucedido. Ana Lucía trataba de recordar y entenderlo todo pero estuvo 30 días más en el hospital en observación por el shock que le causó la noticia, y mas tarde, se despidió de los médicos que le salvaron la vida y por supuesto, de las enfermeras que la cuidaron, una de ellas, Amabilia Sosa a quien todos conocían como “doña Maby” quien le dijo que esperara, que tenía algo que entregarle.
“Dios tiene el control de las cosas seño, pronto se repondrá y quizás podrá hacer familia con un bebé adoptado” le dijo mientras la joven agradeció el gesto y se dirigió a su casa junto a su esposo.
Un cuarto a la espera
Un dormitorio pintado de color celeste, una cuna blanca, peluches y otros recuerdos que le habían entregado, esperaban a Ana Lucía y su esposo. Cuando llegaron a casa, las lágrimas brotaron de inmediato y así la tristeza. Ella se incorporó a su trabajo y él, afligido, no hallaba como pedirle que adoptaran a un niño, pues también estaba desesperado.
El tiempo sanó la herida y meses después del accidente, la pareja limpiaba su casa y se disponía a regalar cosas viejas cuando hallaron la tarjeta de una trabajadora social y junto a ella una nota, “¿quién es doña Maby?” se preguntaba Ana Lucía quien al final recordó a una vieja enfermera que la abordó afuera del hospital donde había estado recluida.
“Dios tiene el control de las cosas seño, pronto se repondrá y quizás podrá hacer familia con un bebé adoptado” era el mensaje que retumbaba en su cabeza.
Esa noche, Ana propuso a su esposo visitar ese lugar donde buscaban familias para los niños (El Consejo Nacional de Adopciones) para adoptar un bebé a lo que Carlos presuroso respondió, “sí, quiero que adoptemos un niño”.
El gran encuentro
La pareja logró contactar a una trabajadora social del CNA, ella les llevó con una psicóloga y les enseñó el camino de la adopción, iniciaron una serie de evaluaciones, para Ana y Carlos la espera fue larga, los días les parecían años, hasta que coincidentemente un 25 de noviembre de 2008, fueron llamados para adoptar un hermoso bebé de unos cuantos días de nacido, rubio y lleno de vida.
“No nos han dicho de dónde proviene, quiénes eran sus padres y otros datos (…)” dijo Carlos cuando se presentó al Consejo. Un silencio se hizo en la sala cuando la psicóloga de la institución preguntó, ¿ustedes son la pareja?, “sí, díganos si sucede algo o necesitan algún documento más” replicaron ambos.
“No. Le entregaremos lo poco que sabemos de los padres del bebé” dijo la psicóloga, quien continuó: “lo que sucede es que el bebé es el sobreviviente de un accidente de tránsito en el cual murieron sus papás y las familias de ambos. Desde que vino, todos empezamos a llamarle Carlitos, así que si usted quiere cambiarle el nombre lo puede hacer a partir de hoy que ya es prácticamente su hijo” indicó la profesional.
Ana Lucía y Carlos quedaron sorprendidos de la historia, más salieron con “Carlitos” en brazos, agradeciéndole a la vida el proceso por el cual pasaron, y a “doña Maby” por haberles mostrado el camino para encontrarse con su hijo.
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Todos los nombres utilizados son ficticios para proteger la identidad de los padres adoptivos.
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